No hay mañana

No hay una sola forma de decir todas las cosas que siento, por que la legión de emociones que me invade, ataca mi pecho y mis entrañas sin compasión, misericordia ni tregua.

Por que no hay mañana. La vida es fugaz, la descubres en un momento mientras caminas por el sendero del tiempo, a merced de influencias que están más allá de tu control, que te transportan de lo sublime a lo ridículo, de lo eterno a lo efímero, que te llenan y te arrebatan la esperanza como jugando un juego cruel en el que tu crees, que eres aquel que decide si eres la victima, el héroe, el villano, un espectador sin parte o el autor intelectual del crimen.

Pero en realidad eres el narrador. Tu eres el que esta escribiendo la historia. Quizá no escogiste el contexto, el lugar, los actores o la escena y aún así todo lo que se desenvuelve frente a tus ojos es el reflejo de tu creación, pero como tienes miedo de tomar las riendas de la narrativa le llamas destino, y excusas tus pecados, tus defectos, ansias y angustaas en los demás y lo que ellos te hicieron a ti.

No es tu culpa. No. Pero es tu responsabilidad.

El día de mañana cuando la última pagina del libro de tu vida se desdoble frente a tus ojos y te des cuenta de que eso es todo. Este es el final. No hay más tinta en el bolígrafo ni espacio disponible en el libro.

Lo único que queda es firmarlo y esperar que no haya sido un desperdicio de tu tiempo.

No hay mañana.

Fotograía de Hannah Olinger en Unsplash